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Complutense Cisneros: Una cuestión de identidad

©JCR. Irusta ante el VRAC en el partido de cuartos de final jugado en Pepe Rojo donde El Colegio rozó la victoria.

Si esta temporada COVID ha tenido un protagonista ese ha sido el Complutense Cisneros. El club ha sabido adaptarse – manteniéndose fiel a su filosofía y esencia – a la complicada situación reinante y lograr unos resultados deportivos al alcance de muy pocos. El equipo de División de Honor ha cerrado una campaña espectacular, liderada por jóvenes talentos surgidos de la casa, pero además el equipo Sub23 se proclamaba campeón de la competición Nacional. El equipo femenino puede proclamarse mañana campeón de Liga, y sus equipos base siguen siendo punteros en la región. Con motivo del Nº126 de la edición de papel de Veintidós tuvimos ocasión de repasar con Daniel Vinuesa, director deportivo del club azul azul, el proyecto del club madrileño.

©Walter Degirolmo. Daniel Vinuesa, director deportivo del Complutense Cisneros

R22.- Antes de nada: Enhorabuena. El Club cierra una temporada muy buena en el que el equipo de DH y el de DHF han rendido a un nivel muy alto, el Sub23 sale como campeón de la competición nacional, y los equipos Sub18-16-14 siguen siendo referente en Madrid. ¿Qué balance haces exclusivamente desde el punto de vista deportivo? 

D.V.:Ha sido una temporada muy complicada para todos, pero el balance es muy positivo, efectivamente. Hace un año, en el contexto de enorme incertidumbre en el que se movía el rugby español, hicimos un planteamiento muy prudente. Ante las dudas sobre la viabilidad de las competiciones por la pandemia y la merma de ingresos que esperábamos, decidimos ser muy cautos. Redujimos las ayudas de alojamiento y estudios que solemos ofrecer a nuestros jugadores y jugadoras de División de Honor y confiamos en nuestro extenso y joven fondo de armario. Creo que acertamos. 

Hemos tenido 6 equipos senior en competición -uno menos que la temporada anterior-. El haber tenido 3 equipos senior, dos masculinos y uno femenino, compitiendo en las incómodas condiciones a las que obligaba el Covid en las ligas regionales de Madrid es también un motivo de gran orgullo. 

En un año tan complicado, el Club y su proyecto deportivo ha crecido mucho y se ha revalorizado.  

R22.- Es cierto que queda un sabor amargo por el cómo cierra el equipo de División de Honor la Liga, pero el equipo ha ido de menos a más para llegar a codearse con los grandes en la fase final. ¿Cómo has visto la evolución del equipo en la máxima categoría? 

D.V.: El equipo de División de Honor ha tenido el recorrido propio de un grupo muy joven pero muy bien dirigido. Hemos competido durante todo el año con una plantilla marcada por su juventud e inexperiencia. En los cuartos de final de Pepe Rojo, salimos con 8 sub23 en el quince titular, y otros 3 se incorporaron en la segunda parte. 13 de los 23 convocados eran sub23. Los chavales han superado las expectativas. Y ahí, no cabe duda, creo que es fundamental el trabajo de los entrenadores. Una de las cosas que este año ha quedado clara es la indiscutible capacidad de Valentín Telleriarte para desarrollar talento joven y cualificarlo para la máxima exigencia. 

«Creo sinceramente que nuestro factor diferencial es la identidad y el sentido de pertenencia»

R22.- Cisneros tiene una filosofía muy marcada que es identidad propia. En un entorno cada vez más marcado por el “profesionalismo” y por la voracidad de los rivales: ¿Cuál es el secreto para mantener el nivel competitivo en un entorno tan complicado con la Pandemia? 

D.V.: Efectivamente, tenemos cierta sensación de remar contracorriente. No ya jugar playoffs, simplemente mantenerse en División de Honor sin jugadores profesionales puede llegar a parecer una absurda quimera romántica. En ese punto, creo sinceramente que nuestro factor diferencial es la identidad y el sentido de pertenencia. Pensamos que un club de rugby como el que nosotros nos empeñamos en construir día a día ha de ser un proyecto a muy largo plazo, que exige paciencia y perseverancia. Llevamos muchos años trabajando y pensando en clave de club, de gran colectivo, y tratando de postergar, en la medida de lo posible, las urgencias del resultado, a las que te obliga la gestión de un equipo, especialmente de un equipo en la máxima categoría. 

En esa dicotomía equipo-club, resultado-modelo, nosotros tenemos muy claro lo que debemos priorizar. Y eso es igual en nuestra gestión de los Sub12 que en los dos equipos de División de Honor. Cada semana surgen conflictos puntuales entre lo que te pide el corto plazo de la competición y el partido del fin de semana, por un lado, y la lógica y la coherencia de un modelo, de una idea, de una manera de hacer la cosas, por el otro. En ese complicado cruce de caminos, solemos elegir siempre el modelo y la coherencia. 

©Walter Degirolmo. El capitán colegial Fernández Varone colgará las botas esta temporada.

R22.- ¿Os habéis replanteado en algún momento el modelo? ¿Pensáis que el modelo tiene recorrido para poder competir otra vez por títulos? 

D.V.: Es una cuestión de naturaleza y de prioridades. Somos un club universitario y, en consecuencia, necesariamente amateur. Nuestro planteamiento o nuestro objetivo no es armar un equipo con el que ganar la liga de División de Honor masculina. Nuestro objetivo principal es construir una gran comunidad en torno al rugby, una comunidad de jugadores, jugadoras y familias que disfruten y se enriquezcan de las inigualables vivencias y aprendizajes que nos ofrece este deporte. Los títulos no son una necesidad ni una urgencia. Ni para nosotros ni para las instituciones y empresas que nos acompañan. Obviamente son un anhelo y un estímulo. Y, por suerte, este año estamos compitiendo por ellos. Los tres equipos que han estado inmersos esta temporada en competiciones de la FER, el equipo de División de Honor, las chicas en Liga Iberdrola y el equipo Sub23, se han clasificado para los playoffs. Y, de momento, ya hemos ganado uno de los tres títulos en los que competíamos.

R22.- Otro gran éxito ha sido la categoría Sub 23. ¿Cómo ha vivido el club este éxito y cuáles crees que han sido las claves para lograr el título? 

D.V.: La temporada del equipo sub23 la hemos vivido como una reivindicación de uno de nuestros mayores orgullos recientes: el elevado porcentaje de permanencia en senior de nuestros jugadores sub18. Y es que, quiero recordar que en el Sub23 campeón faltaban un buen puñado de jugadores sub23 que son titulares habituales en División de Honor. 

Desde el principio hicimos una apuesta por competir en la Liga Sub23 con el mayor número posible de jugadores en la edad. No ha sido un segundo equipo. Solo en aquellas posiciones en las que no disponíamos de jugadores sub23 -primera línea principalmente- introdujimos regularmente a jugadores mayores de 23 años. Las buenas añadas recientes que nos han reportado nuestros equipos de formación y nuestra condición de referente en la ciudad universitaria nos aportan muchos jugadores de calidad en esas edades. 

R22.- Mirando hacia abajo, ¿Hay mimbres para soñar? 

D.V.: Ahora mismo estamos muy ilusionados con el recorrido que puede tener nuestro primer equipo. Y esperamos que en próximos años sigan sumándose jugadores jóvenes con enorme potencial, tanto del sub23 de este año como de las categorías inferiores y de otros clubes. Soñar es una de nuestras razones de ser. El problema podría ser el día que ganemos la Liga y dejemos de hacerlo.   

«En Cisneros estamos convencidos de que el jugador de rugby se hace a fuego lento»

©Walter Degirolmo

R22.- Vayamos más allá para entender cómo estáis trabajando en el desarrollo de jugadores. ¿Cómo se estructura el área técnica y el desarrollo del jugador? 

D.V.: Funcionamos con un modelo de formación que cuenta con varios ingredientes importantes. 

Por un lado, tenemos un plan que determina, a grandes rasgos, qué y cómo trabajar en cada grupo de edad, con el objetivo de que el jugador que complete el proceso, a los 18 años, llegue a senior con las capacidades y destrezas necesarias para desenvolverse con la propuesta de juego del Club. 

En segundo lugar, tenemos un grupo de entrenadores capaces, implicados, que entienden el modelo de formación y, sobre todo, la filosofía del club. Y que llevan varios años ya trabajando con los mismos grupos de edad. Ellos son la clave del proceso, sin duda. 

Y lo más importante de todo, tenemos un modelo o una idea en la que el resultado, ganar o perder, es algo absolutamente secundario. Y ahí está la historia reciente para atestiguarlo. Las generaciones de 2000, 2001 o 2002, todas dominadoras de la liga de Madrid en sub18, y con 2 o 3 exponentes cada una de ellas en nuestro primer equipo ahora mismo, fueron generaciones perdedoras y habituadas a derrotas abultadas en sub14 y sub16. En Cisneros estamos convencidos de que el jugador de rugby se hace a fuego lento. Esas generaciones aprendieron a valorar el Club y el rugby en la derrota y la adversidad a edades tempranas, y entendieron desde muy pequeños que hay cosas, como el compromiso, el grupo y el trabajo, que valen mucho más que ganar un partido o un título. 

«El valioso trabajo de formación que vienen haciendo los clubes españoles, especialmente en la última década, se desperdicia por la urgencia del resultado que impera en nuestras ligas nacionales»

R22.- ¿Cómo crees que debería ser el proceso de formación del jugador para que cada vez más pudiéramos ver a nuestros jóvenes encontrando huecos en la élite? 

D.V.: No falla el proceso de formación. Creo que nuestra temporada en División de Honor demuestra que, con confianza y paciencia, el joven jugador español puede rendir en la élite. Llevamos varios años integrando en nuestro primer equipo y dando responsabilidad en División de Honor a chicos de 18 años, Muchos han sido internacionales después. El rugby español debería reflexionar sobre ello. El valioso trabajo de formación que vienen haciendo los clubes españoles, especialmente en la última década, se desperdicia por la urgencia del resultado que impera en nuestras ligas nacionales. A mí, habituado a seguir la División de Honor, me resulta descorazonador constatar el dispendio de recursos que se destina a remunerar a jugadores mediocres que no mejoran en absoluto el joven producto nacional. 

Para ver a nuestros jóvenes en la élite necesitamos que los clubes sean valientes y más pacientes. El joven jugador español necesita oportunidades, confianza y minutos de juego. 

R22.- ¿Es una cuestión de necesidad o valentía? 

D.V.: En nuestro caso es una cuestión de identidad. En nuestro modelo, el equipo en División de Honor tiene una doble función. Por un lado, y como para cualquier club, es el referente y el principal lugar de encuentro de nuestra comunidad. Y, que quieres que te diga, nos gusta ver a chavales conocidos jugando de azul y azul, chicos con los que nos identifiquemos. Hace tres décadas eran chicos del Colegio Mayor. Hoy, además de a los colegiales, nos gusta ver a chavales formados en el Club. 

En segundo lugar, el primer equipo es un caudal de ilusión para los pequeños. La gloria de jugar en el Central con el primer equipo del Club es un poderoso incentivo que muchos creen posible. Es un sueño realizable, pues los chicos saben que medio equipo de División de Honor estuvo, hace años, dónde ellos están ahora. 

Yo entiendo que nuestros rivales manejan otro tipo de presiones y exigencias, pero no es nuestro caso. Ver a Nico, Galo, Moreton o Borraz, que han crecido entre nosotros, batirse el cobre contra la delantera del VRAC es una recompensa difícil de igualar. 

R22.- Muchos clubes pondrán los ojos en jugadores de Cisneros. ¿Cómo encaja eso el club y qué opinión tienes de cómo está evolucionando el rugby en España en este sentido? 

D.V: Estamos acostumbrados a perder jugadores jóvenes que se han desarrollado en sus primeros años senior en el Club. Tomi Munilla, Gimeno, Del Hoyo, Dominguez… todos dejaron el club para buscar otros modelos u otra relación con el rugby. Nosotros no estamos en contra del rugby profesional, pero no entendemos el rugby como una forma de vida. Como club universitario y estrechamente vinculado con la UCM solo podemos entender el rugby como una actividad formativa, complementaria a los estudios o al trabajo. Si concibiésemos el rugby como un medio de vida, como una actividad laboral exclusiva o prioritaria, creo que estaríamos dando un mensaje contradictorio a nuestros chicos y a sus familias y traicionando nuestra naturaleza.  

Por otro lado, y ya que me preguntas, te diré que, en mi opinión, el rugby español dista mucho, por aforos, audiencias y repercusión mediática, de ser un espectáculo deportivo capaz de generar ingresos con los que remunerar a sus deportistas. Es una actividad principalmente subvencionada o subsidiada. Los retornos son más emocionales que tangibles. En ese contexto, el profesionalismo solo puede ser precario, irregular y difícilmente sostenible. 

«El rugby español es una actividad principalmente subvencionada o subsidiada. Los retornos son más emocionales que tangibles. En ese contexto, el profesionalismo solo puede ser precario, irregular y difícilmente sostenible»

©Walter Degirolmo. El equipo Sub23 del Colegio se proclamaba campeón de la categoría Sub23.

R22.- Y ahora qué: Si miramos al futuro el Colegio debe estar ilusionado. ¿Cuáles son los próximos retos y pasos para el Club? 

D.V.: Ahora estamos, a partes iguales, orgullosos e ilusionados. El reto es tratar de seguir creciendo a todos los niveles de manera equilibrada y siendo coherentes con el modelo, que es lo que nos ha traído hasta aquí. 

R22.- Ahora es tiempo de descansar y cargar pilas para la próxima temporada: ¿Cómo ves el rugby español una vez pase todo esto del Coronavirus? ¿Formatos de competición? ¿Asociación de Clubes? ¿Competición Europea? 

D.V.: El rugby español adolece de un serio déficit de proyecto, en todos los niveles. Vivimos inmersos en el corto plazo resultadista, propio de los grandes circos del deporte profesional, sin serlo. Nos falta un liderazgo que vele por un crecimiento equilibrado y sostenible de nuestro deporte. Nos falta un proyecto consistente, definir qué queremos que sean nuestras ligas o hacia dónde queremos que evolucione nuestro deporte en 10 o 15 años, y consensuar una hoja de ruta. El plan de futuro del rugby nacional no puede ser tan efímero y frágil como Francia 2023 -aun perfectamente viable, ojo-, ni tan restringido y elitista como la ANCR. 

A nosotros, por nuestra idiosincrasia, nos interesa una liga larga, de no menos de 20 jornadas, que favorezca el desarrollo del jugador nacional dándole partidos y minutos de juego en un entorno de exigencia elevada. Pero hay otros intereses en sentido contrario, también lícitos y razonables, como la economía de los clubes profesionales, su hipotética participación en competiciones europeas o el calendario de la selección nacional. Y la decisión, en un sentido o en otro, lejos de perseguir un bien común o un objetivo superior -el crecimiento de nuestro deporte en España, por ejemplo-, vendrá de una negociación y será una solución de consenso. 

«El rugby español adolece de un serio déficit de proyecto, en todos los niveles. Vivimos inmersos en el corto plazo resultadista, propio de los grandes circos del deporte profesional, sin serlo»

©Domingo de Torres. Las colegiarlas lucharán por el título de Liga de la DHF.

R22.- Muchas gracias por atendernos y enhorabuena a toda la familia azul azul por la temporada. ¿Pondrá la guinda el equipo femenino? 

D.V.: Muchas gracias a vosotros. Las chicas están jugando muy bien y van a pelear las semifinales con la garra que nos tienen acostumbrados. Pero tanto la semifinal como la hipotética final serán partidos muy parejos en los que puede pasar cualquier cosa.

Director Editorial & Publicidad de La Revista 22

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