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Entre el cielo y el suelo

©Luz Fierro. Imagen del último partido de Hernani ante Bathco Rugby. Igor Etxeberría trata de zafarse del placaje del jugador cántabro.

Las estadísticas son tozudas. En el caso de la Liga Heineken se traducen en una diferencia abismal entre el líder (VRAC) y el último de la clasificación (Hernani). En un partido, el que se disputó el pasado 9 de noviembre en Landare Toki , esa diferencia se traduce en una inapelable 0-52. Una desigualdad que, de persistir, iría en contra de la competitividad de un deporte que aspira a buscar seguidores y en cuantos más lugares mejor. Antes de que termine la primera vuelta el Hernani parece condenado a lucir el farolillo rojo hasta el final. Todo pasa porque estas Navidades Papá Noel, el Olentzero o los Reyes Magos les traigan de fuera refuerzos de calidad. Parece que es la única manera de revertir una situación que a nadie gusta en un equipo que, en la medida de lo posible, siempre ha tirado de cantera sin buscar ayudas externas y que lleva varios años consolidado en la élite del rugby. 

La otra cara de la moneda la representa el VRAC de Valladolid que ha ganado siete de las últimas ocho ligas disputadas. Los pucelanos parecen intratables. Salvo algún tropezón, su hegemonía en el rugby nacional está fuera de toda duda. Su exitoso proyecto es mirado con cierta envidia, se supone que sana, por sus adversarios. Esa superioridad tiene muchas interpretaciones. Nadie se cansa de ganar, pero sí por no hacerlo. Ahí cuando se analiza más en profundidad si una competición es viable deportivamente hablando si siempre levanta el mismo equipo la copa de campeón. Seguro que alguien sueña o tiene pesadillas, según se mire, con la manida frase de Tomasi de Lampedusa: “Que todo cambie para que todo siga igual”.

En el mismo periodo de tiempo, estos es, la última década  Francia ha visto a cinco ganadores distintos (Stade Toulousain, Castres Olympique, Clermont, Racing Metro 92 y Stade Français) lo mismo que en Inglaterra (Saracens, Harlequins, Northampton Saints, Exeter Chiefs y Leicester Tigers). En estas ligas tan competitivas se han vivido incluso descensos traumáticos de clubes que hay llegado a disputar la final de la Heineken Cup como Biarritz Olympique, sumido en la actualidad en gravísimos problemas económicos por el abandono de algunos patrocinadores, o la de uno de los equipos que vio jugar a Jonny Wilkinson, los Newcastle Falcons.

Echando un vistazo a la clasificación hay pocos detalles que inviten a los guipuzcoanos al optimismo. Han perdido los diez partidos disputados hasta la fecha y sólo han obtenido tres puntos de bonus defensivo. Es cierto que en dos encuentros han caído sólo por un punto de diferencia como también lo es que tres equipos le han metido 60 o más puntos. Los números, no obstante, impiden que se valore como se merece el coraje que los hernaniarras ponen en cada partido. A falta de fichajes de relumbrón, el escudo y la historia sirven para soñar en dar la vuelta a una situación que se antoja bastante complicada. 

Francia e Inglaterra 

En la ligas con más poder económico la clasificación está algo más igualada. Eso sí, es ley de vida que a los clubes con mayor músculo financiero las cosas les vayan casi siempre mejor. En Francia el colista Stade Français lleva dos derrotas en diez partidos. Con una victoria más aparecen en la tabla clasificatoria  Agen y Racing 92 y con cuatro figura el Castres Olympique, es decir, que varios equipos podrían estar implicados hasta el final en el descenso. En Inglaterra sólo llevan cinco jornadas disputadas. Al margen de la situación excepcional que viven los Saracens por sus problemas con el tope salarial de sus jugadores y que le ha supuesto que le resten 35 puntos, Leicester Tigers y Londos Wasps comparten farolillo rojo con una victoria mientras que un grupo de cinco equipos (Bath, Harlequins, London Irish, Gloucester y Sale Sharks) han obtenido dos victorias. Todo muy apretado.  

El Hernani comenzó la temporada sin extranjeros. La única excepción era la de Ramontxu Labat, natural de la vecina San Juan de Luz “y que se ha formado en nuestra cantera”, se apresuran a explicar desde el club. La tour de forcé que llevan los guipuzcoanos desde entonces les ha hecho dar marcha atrás y buscar ayuda exterior. En diciembre han llegado al club un centro tongano (Loketi Manu), un pilier neozelandés (Kane Todd) y un segunda línea francés (Thomas Lapéyre). Los tres se estrenaron en la última jornada de liga y ni por esas. El denominador común en cinco de los seis partidos que se disputaron el pasado fin de semana fue la igualdad. Los marcadores oscilaron entre los tres y los seis puntos de diferencia. Esa igualdad sólo fue rota por el resultado desfavorable que obtuvo el Hernani de 44-6 frente al Bathco Rugby de Santander.

Los vallisoletanos jugaron su último partido de liga contra el otro equipo de la ciudad: El Salvador. Otro derbi más para el VRAC. Lo hicieron con ochos jugadores nacidos fuera de España: dos neozelandeses, tres argentinos, un australiano, un surafricano y un fiyiano). Estos y otros datos del club han sido recogidos de su página web. Obtener otros de forma fidedigna como el presupuesto anual, aportación económica de los anunciantes o número de jugadores foráneos o de cantera ha sido imposible pese a los reiterados intentos de revista 22 para hablar con alguno de sus dirigentes a lo largo de los últimos diez días.      

Desigualdad

Las palabras de Juan Rodríguez, presidente del Hernani,  sobre la desigualdad en el rugby son bastante clarificadoras. En su opinión, esa desigualdad va en aumento por la evolución que ha tenido este deporte “sobre todo” en las últimas tres temporadas. La obligatoriedad de sacar un equipo sub 23, algo que pidieron la mayoría de los clubes, “se ha hecho de forma muy rápida y nos ha pillado a todos un poco en bolas”.   En el caso del Hernani,  con un prepuesto que no llega a los 270.000 euros anuales, un desplazamiento a Sevilla supone un gasto que deja temblando a las arcas del club. Ese viaje lo hacen más de 50 personas entre jugadores de las dos plantillas, entrenadores y preparadores físicos. “Primero vamos en autobús hasta Zaragoza y de allí en AVE a Sevilla;  suma a esto los gastos de hotel, el sueldo del entrenador y el de algún empleado  y nuestro presupuesto se dispara”, advierte. La ayuda institucional por parte de la Diputación es pequeña, según explica Rodríguez,  y, por lo tanto, “tienes que buscarte la vida”. Las dificultades crecen porque Hernani  es un pueblo de unos 20.000 habitantes “que ni es industrial ni turístico”, una circunstancia que beneficia muy poco a la hora de buscar sponsors. Sin embargo, en Ordizia las cosas van relativamente bien. “Será que ellos se lo montan mejor”, dice un tanto resignado.

Deportivamente los números tampoco son buenos pero la explicación es bastante comprensible. “Se nos han ido este año catorce jugadores y eso en División de Honor se nota mucho”, comenta. Las bajas son por motivos económicos, laborales o por la edad “y si a eso añades que los dos equipos que han subido este año han fichado a la de Dios de gente provoca una situación como la que estamos viviendo”.  Rodríguez admite la tristeza que le produce ver al club donde hace 30 años jugó de medio melé en una situación donde los jugadores ya no se divierten. “Los delanteros, sobre todo los de la primer línea, sufren porque van para atrás”. La seguridad física también es importante: “te hablo de tíos que placan las veces que haga falta a gente con mucha más envergadura y eso a la larga se traduce en bajas y lesiones importantes. El rugby es un deporte de lucha y combate pero es que al final en todos los partidos no están dando de hostias y si encima jugamos mal el desánimo empieza a cundir “.

Rodríguez lamenta no contar con la ayuda institucional como la que tienen, por ejemplo, los dos clubes de Valladolid u otros de División de Honor. “Fíjate, el ayuntamiento de Sevilla dio al Ciencias Cajasol cien mil euros y yo con esa pasta hago maravillas en fichajes”, Se queja también de que cuando le sale algún chaval “con buena pinta” como Jon Ander Puertas o Eirc Goñi se van a Madrid a la academia de la Federación porque están en un grupo de elegidos para jugar en el seven de la selección. Puertas este año juega en el CRC mientras que Goñi después de estar toda la semana en la academia algunos viernes  vuelve a Hernani para jugar con su club. “Cuando acabe la temporada nos tenemos que replantear todo. Vamos a celebrar una asamblea y reflexionar porque a mí esto me recuerda un poco a la II Guerra Mundial cuando los soldados polacos iban con caballo y lanza contra los tanques alemanes. Ánimo no nos falta y por eso hemos traído a estos chavales para intentar poner freno a la posibilidad de descender. Vamos a seguir peleando”, subraya Rodríguez. El futuro a medio y largo plazo  del Hernani pasa por mantener a la gente que salga de su prolífica cantera y para ello colabora con dos equipos a ambos lados de la frontera: Atlético de San Sebastián y el Hendaia de la Federal 2 francesa.  

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