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Opinión

Sayonara Japón, ¿Bonjour Francia?

©Neil Cheek.

Por Enrique Moscat

Con la desestimación por parte del Cómite de apelación del recurso presentado por la FER, el camino de España a la Copa del mundo de Japón ya es historia.

Una combinación de pasotismo (la FFR actuó con total desidia ante su homónima española en el caso Bélie-Fuster), la total falta de empatía del comité judicial independiente y la ineptitud de la propia FER, al no comprobar todos los casos de posible alineación indebida, se han encargado de borrar de un plumazo los mejores momentos de la historia del rugby español. Aquellas dos victorias en Rusia y, especialmente, ante Rumanía en Madrid solo seguirán manteniendo el lustre en nuestras retinas. Y es que, aunque no lo crean, el Rugby Europe Championship 2018 nunca existió. Al menos para España.

¿Y AHORA QUÉ?

Resulta difícil predecir la hoja de ruta que seguirá la FER para restañar las heridas del rugby español y cómo planificará el siguiente asalto a un Mundial. Pero sí se pueden intuir 5 puntos sobre los que podría girar en los próximos meses el eje del rugby español que debe llevar a los Leones al Mundial de Francia.

  1. Depurar responsabilidades en la Federación

Pese a que muchos consideramos injusta la sanción impuesta a España (por inquisitorial y sobre todo por la confusa y laberíntica normativa de WR), la FER debe asumir su propia responsabilidad. Resulta evidente que alguien en Ferraz no hizo su trabajo: es incomprensible (por no decir tercermundista) que, antes de convocar a un jugador, no se asegurasen si había sido o no previamente internacional con otro país.

Es curioso (a la par que triste) que en la época en la que hemos tenido una selección superprofesional como nunca, la Federación española ha tenido un comportamiento tan amateur como siempre…

  1. Continuidad de Santos

Pero no todo se ha hecho mal en los despachos: la afición por el rugby ha crecido vertiginosamente en el último año, su presencia en los medios se ha hecho casi habitual y no todos los países pueden presumir de entradas de casi 25 mil personas para la final de la Copa o de más de 15 mil para ver a la selección española más ilusionante de nuestra historia.

Precisamente por esto último, resulta imprescindible la continuidad de Santiago Santos al frente del XV del León. Con él y con sus colaboradores (mención especial al “genio del maul”, Miguel Velasco) el juego español se situó en niveles antes nunca vistos.

  1. “Modelo uruguayo”, 2019-2020

Como el camino a Francia 2023 es largo y hasta 2021 no nos empezaremos a jugar realmente las “cuartos”, sería inteligente que no se forzara la relación con los clubes franceses en 2019 y 2020. Dicho de otro modo -y siempre que no haya problemas de permanencia-, los Malié, Rouet o Pinto solo se integrarían en el grupo a partir de 2020 o 2021, es decir, cuando dé comienzo la clasificación para la Copa del Mundo.

Por contra, y ante la ausencia de los cracks, los técnicos españoles tendrían un par de años para crear un grupo, más o menos fijo, con lo mejor de la Liga Heineken (los Àlvar Gimeno, Albertuco o Iñaki Mateu), las promesas que potencialmente pueden estar a gran nivel para 2023 (Tomás Munilla, Guille Domínguez, Àlex Gimeno, Zubizarreta o Martín Alonso) y los “franceses” que tienen menos problemas para acudir a las convocatorias (fundamentalmente los de Fédérale 1). Algo así como hacer lo más parecido al exitoso “modelo uruguayo” con la idiosincrasia española.

Sería interesante que, además de jugar los partidos del también llamado Seis Naciones B, este grupo se concentrara al menos un fin de semana cada 30-60 días.

  1. Scouting francés sin errores tipo Bélie/Fuster.

No es ningún secreto que la edad no perdona (especialmente en un deporte tan duro como el oval) y las más que probables retiradas en los próximos meses de varias de las vacas sagradas de la selección harán imprescindibles nuevos scoutings en las ligas francesas.

Se tendrá que buscar a los nuevos Auzqui o Jonathan García en el país vecino. Eso sí, asegurándose, sin fisuras y sin medias tintas, de que el jugador que se quiere convocar es seleccionable 100%. Si de algo debe servir el “caso Bélie” o el de Fuster es para que el rugby español no vuelva a tropezar con la misma piedra.

  1. A partir de 2021, asalto con las máximas garantías al Mundial 2023

Para finalizar, si todo se cumpliera según lo previsto, llegaríamos a los años claves (2021 y 2022) con un grupo cerrado de unos 35 hombres, que integrarían los mejores jugadores del “modelo uruguayo” (perfectamente conjuntados, ya con decenas de entrenamientos y partidos a sus espaldas) y los  cracks ya internacionales que juegan en TOP14/PROD2 (los Malié y cía).

Para completar el crisol, habría que sumar a los hispanofranceses de nuevo cuño que se hubieran convocado tras el scouting (punto 4).

Decía Vittorio Gassman que “el único error de Dios fue no haber dotado al hombre de dos vidas: una para ensayar y otra para actuar”.  Pues bien, Dios o el destino le ha puesto una gran segunda oportunidad en el horizonte al rugby español: el Mundial en Francia.

Y es que el hecho de poder defender los colores del país de sus ancestros en su Francia natal hará que muchos de los hispanofranceses que pensaban “cortarse la coleta” a nivel de selección, de momento, no lo hagan. Y seguramente también hará que otros muchos se quieran subir al barco.

Si se hacen las cosas de un modo profesional, se tendrá una selección igual o mejor que la que fue toreada por un rumano en Bruselas.

¿Aprovechará por fin la FER el viento a favor?

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