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El método Sonnes y el 40% de españolidad

©FER.

Por @enriquemoscat

En cualquier deporte de equipo, a excepción del fútbol porque no lo necesita, la selección es un elemento clave para elevar su nivel de aceptación en la sociedad. El tener un equipo nacional potente implica aumentar, a medio y largo plazo, el número de practicantes y de licencias y, por ende, conseguir contratos televisivos y patrocinadores que le proporcionen estabilidad económica. Entre los muchos ejemplos que ilustran esto tenemos a la España de Rafa Pascual en voleibol, a la de Epi o Fernando Martín en baloncesto o a la de los Hispanos en balonmano. Incluso el rugby también tuvo su momento, tras hacerse un hueco en la prensa y llegar hasta a abrir telediarios pero que, de forma abrupta y cruel, lo que fue y lo que pudo haber sido acabó en un “coitus interruptus” bajo el cielo gris de Bruselas aquella tarde triste del 18 de marzo de 2018.

EL MÉTODO

Ha pasado algo más de una década desde que Régis Sonnes fuese nombrado seleccionador nacional y, con ello, pusiera patas arriba un rugby español que, por aquel entonces, estaba muy anclado en el amateurismo. El técnico galo sabía que, con el nivel de nuestra División de Honor, era una utopía superar a rusos o rumanos -no hablemos ya de los georgianos- en la carrera por clasificarse para el Mundial. Ante esta evidencia, el francés tenía dos opciones: la primera -y menos compleja porque no se le habrían exigido resultados cortoplacistas- estribaba en crear un sistema que potenciase el rugby base que empezara a dar sus frutos a largo plazo; y la segunda, la más ambiciosa, que consistía en intentar formar la mejor selección posible, de forma casi inmediata, escudriñando en los ancestros de los jugadores de las ligas francesas -las más potentes de Europa, con permiso de las británicas- buscando padres o abuelos españoles. Como no podía ser de otra manera, el hoy técnico del Agen eligió esta última opción y, con ella, marcó un camino que a día de hoy, con el único paréntesis de la época de Bryce Bevin, continúa recorriendo el rugby español. Y es que el actual seleccionador, Santiago Santos, nunca dudó en aplicar el “método Sonnes” a pesar del riesgo de sufrir las mismas críticas que padeció el galo por parte de ciertos sectores del rugby patrio.

LAS CIFRAS NO MIENTEN

Todo es subjetivo y depende del color del cristal con que se mire. Todo excepto los números. Y es que las cifras nos dicen que los Leones han pasado de estar en el puesto trigésimo segundo del ranking mundial en 2005 -por detrás de “potencias” como Túnez, Corea del Sur o Ucrania- a ser decimosextos a finales de 2019, por delante de selecciones como USA, Rumanía, Rusia o Canadá. Hoy, el XV del León es capaz de mirar de frente prácticamente a cualquier Tier 2, algo impensable en los tiempos “pre-Sonnes” o en los del kit-kat que representó Bryce Bevin. Indiscutiblemente, en la buena salud que vive el rugby español a nivel de selecciones en los últimos años han tenido mucho que ver hispanofranceses como Guillaume Rouet, Malié o Beñat Auzqui.

Pero ni Sonnes ni Santos han sido los primeros ni los únicos en explorar la reglamentación de elegibilidad de World Rugby para mejorar sus combinados nacionales. Italia, con sus oriundos argentinos y los nacionalizados de su liga profesional, abrió la lata en los noventa y se puede considerar como el precursor claro del “método Sonnes”. Y es que, a pesar de que hoy el rugby transalpino no vive su mejor momento, no podemos olvidar que el reclutamiento para la “Nazionale” de hombres como Gustavo Milano, Diego Domínguez, Julian Gardner, Ramiro Cassina, Javier Pertile o Mark Giacheri, entre muchos otros, fue lo que hizo progresar a los italianos hasta ganarse un (hoy discutido) lugar en el VI Naciones. Ya metidos en el siglo XXI, encontramos a varios países importantes en el Planeta Rugby que siguen el modelo italiano, como Japón -que en su plantilla tiene un 45% de jugadores de origen foráneo- o la misma Escocia (que cuenta en sus filas, entre otros, con los neozelandeses Berghan y Maitland, el aussie Sam Johnson o los sudafricanos Van der Merwe, Van der Walt, WP Nel y Cornell du Preez). La realidad es que, en mayor o menor medida, casi todos lo hacen. Y no pasa nada. Además, de que hay que incidir en que no todas las nacionalizaciones son iguales aunque lo puedan parecer. No es lo mismo que un tipo como Gibouin -nacido francés pero con ascendientes irundarras- llegue al XV del León tras haber vestido la roja desde juveniles que casos como los del escocés Du Preez, el azzurro Monty Ioane y tantos otros “project players” del Pro 14 -foráneos fichados por las franquicias para que acaben jugando por el equipo nacional- que se vuelven patriotas a golpe de talonario.

¿CÓMO DE “ESPAÑOLA” ES LA SELECCIÓN?

Mucho se ha hablado de la cantidad de oriundos franceses que han jugado en estos últimos diez años con los Leones. Que si “selección alquilada”, que si esta especie de “Francia B” no nos representa, que si los jugadores hispanofranceses no sienten la camiseta como los españoles de origen, que si les cierran el paso… Los foros de opinión han echado humo en los últimos tiempos. Seguidores y periodistas han dado mil razones y motivos para criticar y defender, a partes iguales, el “método Sonnes”. Pero, tratando de ser lo más objetivo posible, si nos fijamos en la tabla del final de este artículo, podemos ver que, de los cuarenta jugadores con los que, en principio, cuenta Santiago Santos, solo hay dieciséis nacidos en territorio nacional (un 40%) pero, como contrapunto, también vemos que solo hay nueve -Malié, Perrin, Ordás, Rubio, Rouet, Quercy, Auzqui, Rey y Dedieu- cuyo único vínculo con el rugby español se reduce a jugar en el XV del León. El vaso medio lleno o medio vacío… La eterna discusión siempre seguirá entre los que lo ven de una forma y los que lo ven de otra; los que creen que la selección es solo española al 40% o los que creemos que “no es de dónde se nace, sino de dónde se pace”… Pero hay algo en lo que TODOS, absolutamente todos, estamos de acuerdo: queremos que la selección se clasifique por segunda vez en su historia para una Copa del Mundo y, sobre todo, que cada jugador que se vista de rojo honre hasta en los entrenamientos el león que lleva en el pecho. Y eso lo hace desde el primero hasta el último de los hombres de Santos. Haya nacido en Valladolid, París o la Cochinchina…

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