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Máquinas de entrenamiento, ¿qué aportan al juego?

No hay duda de que el rugby es un deporte de equipo, poniendo énfasis precisamente en esta palabra. Tal y como desarrollaba tiempo atrás Aitor Esteban en su entrevista, y como piensa la mayoría, es esencial la cohesión en el equipo, y lo que sucede antes, durante y después del partido, pues el rugby no es sólo fuerza bruta y es de vital importancia estar unidos para lograr el objetivo.

Aún así, hay ocasiones en las que no es posible entrenar en equipo, recientemente hemos vivido momentos complicados al respecto, y el uso de máquinas supone una alternativa para mantenerse en forma. No son baratas y no hay duda de ello. Sin embargo, existen máquinas que ayudan al entrenador a proporcionar una experiencia enriquecida, y que más que sustitutivas de personas son un apoyo. Las más habituales son las de scrum o melé, que son de utilidad para todo el equipo, en realidad. Están destinadas a detectar si la colocación de los jugadores, el momento y el modo en que hacen fuerza para empujar son las apropiadas no sólo para obtener un buen resultado de cara al partido, sino para reducir el riesgo de lesiones en un elemento tan importante como este.

Concretamente, la que diseñaron Carlos Pastori, Roberto Larrama y Darío Martinelli mide la fuerza de empuje horizontal y el tiempo de aguante, esto aporta datos tanto a nivel individual como de equipo, y viene equipada con una pantalla que muestra toda la acción registrada por las cámaras de video integradas. Muy interesante es la base de datos en la que registra todos los datos de cada jugador para poder generar informes y gráficos. Se puede controlar desde dispositivos externos, remotamente, y devuelve por tanto toda la información directamente al smartphone o tablet. Todo esto aporta una precisión sin precedentes, que deja obsoletas las máquinas meramente mecánicas.

En otro tipo de juegos hemos visto casos parecidos. Las ruletas mecánicas que se usaban en los casinos anteriormente, en teoría debían ofrecer resultados aleatorios en cada giro, en eso consiste el juego de la ruleta, cuyo componente principal es el azar. Con el tiempo, no obstante, los mecanismos empezaban a tener imperfecciones que aumentaban la probabilidad de que la bola cayese más fácilmente en algunos números o colores. Una persona normal no se habría fijado mucho, pero aquellos estudiosos que pretendían volver la suerte de su lado sí detectaban estos fallos y los empleaban para apostar al número y color “de la suerte” ganando de manera recurrente. Fue el caso del famoso Gonzalo García-Pelayo, de quien se hizo incluso una película dirigida por Eduard Cortés, ya que su “técnica” dio la vuelta al mundo.

A García Pelayo se le considera incluso uno de los responsables de que se rediseñasen las ruletas para volverlas electrónicas, y aquí encontramos la conexión: las ruletas electrónicas imposibilitan este tipo de fallos, presentando una aleatoriedad real en la que ningún elemento puede ser utilizado para volver la suerte a nuestro favor. De hecho, no es posible hacer trampas en la ruleta online de 888 en todas sus variantes, sencillamente, no se puede trucar un mecanismo digital y dirigido por software. Esta fiabilidad es precisamente la que buscaban Pastori, Larrama y Martinelli con su máquina, y es lo que ayuda a detectar diversos fallos en las alineaciones para poder cambiarlas si es preciso y convertir vulnerabilidades en fortalezas.

Otro tipo de máquina de la que puede ayudarse un entrenador para trabajar con el equipo completo son las del tipo Drop Attack, una máquina centrada en lanzar pases y patadas, con disparos de incluso 40 o 50 yardas. Este tipo de máquina ayuda a trabajar diferentes combinaciones tanto con las posiciones avanzadas como con los defensores. Se trata de un artefacto un poco más simple ya que sólo disparará la bola, aunque se le pueden aplicar diferentes ajustes para practicar pases de giro y chandelles, incidiendo en que envíe repeticiones similares para mejorar un movimiento en concreto o bien de modo más aleatorio para aprender a enfrentar los imprevistos.

En cuanto a los entrenamientos individuales, existen muchas máquinas orientadas a aumentar la masa muscular para encontrarse en la mejor forma física luego en en campo con el equipo. Este tipo de máquinas, si bien muchas veces han sido diseñadas pensando en jugadores de rugby, son empleadas por culturistas y fisioculturistas de todo tipo. Este objetivo de ganar masa muscular pero sin perder excesiva grasa lo comparten muchos otros, por lo que se ha convertido en una tendencia el pedir a los preparadores que repliquen estos entrenamientos o que empleen estas máquinas para obtener los mismos resultados. El powerlifting es clave y cualquier jugador de rugby (o quien intente copiar su entrenamiento) buscará gimnasios que tengan máquinas y espacios dedicados a ello.

Como conclusión, las máquinas pueden suponer una interesante aportación para mejorar el juego e incluso para que cada miembro del equipo descubra qué puede aportar como individuo, ya que detectaremos los puntos fuertes y débiles en cada caso, cosas que incluso al ojo humano se le pueden escapar. Sin embargo, carecen de intuición y no tendrán en cuenta factores psicológicos o emocionales de los diferentes deportistas. La máquina, en este caso, nunca podrá sustituir la labor del entrenador, sino que viene a asistirlo y será una combinación de la acción de ambos lo que pueda mejorar significativamente las técnicas individuales y grupales del equipo. En cuanto a la diferencia entre máquinas meramente mecánicas y máquinas con software, en unos casos bastará un mecanismo con unas pautas (aunque no siempre serán del todo fiables). Las máquinas con software supondrán un fuerte desembolso pero pueden generar análisis decisivos que ayudarían a efectuar cambios clave.

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