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Inglaterra mide el calado de los All Blacks a un año del Mundial de Japón

La selección inglesa posa antes del inicio del partido ante Sudáfrica. / Photo David Rogers - RFU

Inglaterra y Nueva Zelanda no se miden desde el 8 de noviembre de 2014. Un duelo que para muchos estaba predestinado a ser la final del Mundial de Japón. Para eso llegó Eddie Jones al banquillo del XV de la rosa, para llevarle donde no llega desde que se retiró Jonny Wilkinson. Después de un arranque espectacular, en el que enlazó 19 victorias entre noviembre de 2015 y febrero de 2017, la selección inglesa de Jones perdió su primer partido en Dublín (13-9), lo que no le impidió ganar el título.

El cataclismo se produjo en el VI Naciones de 2018, cuando los ingleses cosecharon tres derrotas seguidas ante irlandeses, franceses y escoceses, ganando a galeses e italianos para ocupar la quinta plaza. Algo que no ocurría desde 1983. Desde entonces los de la rosa se han desinflado perdiendo mucho del crédito adquirido en ese primer año. Jones ha visto partir a uno de sus ayudantes, el entrenador de defensa Paul Gustard, que se ha marchado a dirigir los Harlequins. Con esas dudas llega Inglaterra a este partido ante Nueva Zelanda, después de ganar a Sudáfrica en un partido cerrado y hosco que no tendrá nada que ver con el que se juegue este sábado.

Nueva Zelanda aparece después de ganar el Rugby Championship cosechando una derrota en Wellington ante Sudáfrica. Un tropiezo en el que muchos han querido ver una señal de debilidad inexistente. Los All Blacks sigue jugando un par de marchas por encima del resto de rivales, especialmente de los de Europa. Y aunque todos hablan de este partido, el de la próxima semana ante Irlanda parece más revelador de cara al Mundial.

Hay caras nuevas en los dos equipos. Las lesiones han provocado novedades en las dos primeras líneas con Tu’inukuafe, Moon y Sinckler. Kruis será la pareja de baile de Itoje para tratar de neutralizar a mejor pareja de segundas del mundo (Whitelock y Rettallick). También será interesante el rendimiento de la inédita tercera inglesa ante Read y compañía. Owen Farrell adelanta su posición del primer centro a la de 10, desde donde bombardeará a patadas al back three kiwi para mantenerlos lejos de la 22 local. Quizás eso justifique la alineación de Ben Smith de ala con McKenzie de 15, para tener dos zagueros que trabajen arriba e incluso jueguen con las pelotas contrarias desde atrás.

Pero, sin duda, la clave del juego en ataque pasa por el choque en el mediocampo de Sonny Bill Williams y Goodhue, que se encontrarán enfrente al centro más poderoso del catálogo de Jones, Te’o, y a un jugador más táctico como Slade. Si los ingleses logran frenar las descargas de SBW habrán cerrado una vía de agua.

INGLATERRA: Moon, Hartley, Sinckler, Itoje, Kruis, Shield, Underhill, Wilson; Youngs, Farrell; May, Te’o, Slade, Ashton; Daly.

NUEVA ZELANDA: Tu’inukuafe, Taylor, Owen Franks, Whitelock, Retallick, Squire, Savea, Read; Aaron Smith, Beauden Barrett, Rieko Ioane, Sonny Bill Williams, Goodhue, Ben Smith; McKenzie.

 

 

 

 

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