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El rumano Iordachescu envía a España a la repesca

Iordachescu, junto a la melé. / Photoscrum

Vlad Iordachescu. Ese nombre no se olvidará jamás al rugby español. Es el nombre del árbitro que dejó a España sin pase directo al Mundial de Japón. El colegiado rumano que tumbó a España en Bruselas con la ayuda de una Bélgica peleona que metió a los Leones en un campo estrecho y embarrado en una mañana gélida.

En la primera parte los belgas jugaron en campo español y ensuciaron los rucks de todas las formas posibles, especialmente las ilegales, con la connivencia de un árbitro que además desangró a España a base de golpes. El 12-0 al descanso evidenciaba que España no era el equipo fluido de otras veces. En gran parte por las malas artes de los belgas en las abiertas y la complicidad del rumano.

En la segunda, España salió más intensa y logró dar la vuelta al partido. Posesión y se marchó a campo contrario. Doblegaba a los belgas pero no a un Iordachescu que seguía realizando uno de los arbitrajes más parciales que se han visto en un campo de rugby. El ensayo de maul español y otra patada posterior de Peluchon hicieron albergar ilusiones. Pero de nuevo el árbitro cerró su actuación con otro golpe inventado que dejó el marcador en un doloroso 18-10.

España había presentado una reclamación por la designación del rumano en su día. Fue desestimada. Hoy España ha sido alejada premeditadamente del Mundial por la connivencia de los estamentos del rugby internacional que han permitido este atropello mayúsculo.

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